martes, 10 de junio de 2008

Carmina Burana

De toda la música escrita para orquesta, la obra Carmina Burana es la más conocida y reconocida. Se ha utilizado para teatro, cine, mercadotecnia, la han retomado grupos de rock y de jazz para interpretarla y reintrepretarla.

La pieza más conocida, esa que ahora mismo estará recordando quien esto lea, corresponde a la primera de las siete secciones que la componen la obra completa, su título es Fortuna Imperatrix Mundi (Fortuna Emperatriz del Mundo). Para quien aún no sabe de qué hablo, aquí dejo un recordatorio, la interpretación es de la Orquesta Sinfónica de Berlin, dirigida por Seiji Ozawa con el coro The Shin-yu Kai, en los años ochenta.

Carmina Burana fue escrita por el alemán Carl Off en 1937. Está inspirada en los Cantos de Beuren, una serie de canciones profanas escritas en el año de 1225 y atribuidas a los goliardos, un grupo de religiosos católicos desertores que se dedicaron a vagar por el mundo, haciendo escarnio de la iglesia y la moral que predicaba. Este origen medieval de los textos de esta obra puede ser uno de los atractivos que la hacen tan famosa: el medievo y más aún, lo profano en el medievo, es aún motivo de misterio y curiosidad.

El tema de la obra completa habla de la primavera y las manifestaciones de la vida, de la convivencia en la tabernas y la embriaguez con los amigos, del vino, el erotismo, el cortejo y los vaivenes del amor. El tema de Fortuna Imperatrix Mundi habla de lo frágil que es todo por encontrarse siempre a merced de la fortuna.

El sábado pasado fui a la Sala Nezahuacoyotl en el Centro Cultural Universitario de la UNAM a escuchar Carmina Burana. Fue maravilloso ver la expectación que produce desde antes de que empiece, se comentaban los solistas, los lugares de los coros, la emoción del día. Se afinan los instrumentos, los coros, que eran 4, toman su lugar, sale el director y comienza. La espectacularidad y lo épico de la obra parece convertirse en un fluido que sale del escenario, como una luz , todos los asistentes que estamos inmóviles dejamos que nos atraviese, como si nuestro cuerpo no hiciera resistencia, como si fueramos traslúcidos. Es difícil resistirse a la voz de la solista que en algunos momentos es como si recibieras una pequeña descarga eléctrica en el estómago.
Y al final, nuevamente las 150 voces de los coros y las percusiones te llevan a un estado de ánimo en el que podrías librar cualquier batalla, enfrentar dragones, ejércitos, tomar armas, levantarte y gritar, es tan poderosa que uno mismo, al oirla, se siente poderoso.
Al final, con las últimas notas, que siempre reconoces, esperas con ansia el final para aplaudir y aplaudir y ese brio que se forma en ti salga siendo parte de ese instante de poder.

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