Es un museo que ha fascinado a muchas generaciones, aunque su concepción del aprendizaje enciclopedista está intacta: sólo observar, aprender datos especializados, división de salas atendiendo a las diferentes ciencias, ninguna vinculación del individuo con su entorno.
He visitado decenas de veces en mi vida este museo, desde que no sabía leer hasta este pasado domingo, y volveré a ir seguramente. Desde que entras al vestíbulo lo notas: no ha cambiado absolutamente nada, igual te recibe el enorme oso polar parado en dos patas para que puedas ver su altura, en la primer sala pudes ver las mismas fotos de la "representación" del suelo de Marte y el enorme globo terraqueo que puedes girar, más adelante los mismo animales disecados en sus vitrinas de los diferentes ecosistemas, los felinos que muestras sus colmillos, los pingüinos y las maquetas de las eras geológicas. El mural de las capas del océano y la joya de la corona: el reproducción del esqueleto de un diplodocus.
El mismo domingo fui también al Papalote, Museo del niño, inagurado hace no más de una década representa con claridad las tendencias más vanguardistas para el aprendizaje de las ciencias en la infancia: vincular el saber con el ser y con el entorno, por ello las salas se dividen en competencias como Soy, comunico, pertenezco, comprendo y expreso.La premisa es que los niños toquen, jueguen, cuestionen y creen. Su lema lo dice con claridad Toco, juego y aprendo, cuenta además con recursos de muy alta tecnología: el DomoDigital donde puedes ver no una representación del suelo de Marte, sino las primeras imágenes que fueron enviadas del suelo Marciano, en alta definición y en una pantalla cupular que, como dice el narrador de la película, es lo más parecido a estar allá.

Mis dos sobrinos de 4 y 7 años dicen que les gustaron más los pingüinos disecados y un gato montés que parece que te observa desde se vitrina del Museo de Historia Natural que la película en tercera dimensión que vimos en el Papalote. ¿Cuan diferentes serán los niños que aprenden ahora en el Papalote de los que aprendimos en el Museo de Historia Natural?
Sólo no olvidemos algo: el asombro de los niños es muy distinto a nuestro asombro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario