viernes, 18 de enero de 2008

Barranca de Urique

Al igual que Creel, Posada Barrancas más que un poblado es una estación de tren en la que, a partir de los años sesenta, ha llegado familias que ofrecen servicios a los viajeros.

Existen 2 hoteles grandes, agradables y con muy buenos servicios. Nosotros nos quedamos en El Castillo. Se llama así por que simula en algunos detalles un castillo medieval, es muy bonito, la comida es rica, todos son muy atentos y tiene una hermosa alberca techada y climatizada que te permite estar viendo la vegetación externa y el ambiente helado desde el agua calientita.

Desde este punto fue donde hicimos la caminata que más me gustó de todo nuestro pasó por la zona. Nos guió Julio, un jóven Rarámuri que trabaja en el hotel, el único que vi trabajar de manera formal con los mestizos.

Partimos a las 8 de la mañana. Los riachuelos que pasamos tenían una capa de hielo en su superfecie, me pareció hipnótico ver cómo corría el agua por debajo del hielo, lo hice unos minutos, pero podría haber estado ahi toda la mañana.

Después de atravesar por algunas casas. comenzamos un descenso por un camino que iba bajando por la Barranca Urique, la más profunda de todo el sistema, pasamos frente a un internado para niñas Raramuri, junto a un pozo, junto algunos ranchos, cultivos muy pequeños (el terreno no da para mucho en ese sentido), vacas y ovejas. Después como de una hora terminó el camino y comenzó un estrecha vereda que desciende por uno de los costados de la Barranca.

Hacía frio, aun cuando el movimiento nos hacía entrar en calor, apenas nos deteníamos un instante de inmediato el viento helado se dejaba sentir, estuvieramos en la sombra o bajo el sol. Algo que me sorprendió mucho fue el silencio que entre más bajas de la Barranca más profundo es. Lo único que se oye de vez en vez son a los halcones y águilas a lo lejos. Y el paisaje que se va abriendo a cada paso es de una grandeza excepcional, es una extensión tan grande, tan profunda, tan inalcanzable e inabarcable.

Después de un rato nos detuvimos en un mirador y desde ahi Julio nos dijo que llegaríamos a esta peña

Seguimos caminando un rato más hasta que llegamos a un hermoso mirador natural desde donde alcanzábamos a ver en el fondo el Río Urique y hacia ambos lados la inmensa Barranca. Ahi comimos y nos dimos a la contemplación en silencio por un largo rato. Pensé que podría estar ahi toda la vida, sintiendo ese paisaje y oyendo el silencio.

Ya cuando decidimos regresar me sentía tan feliz, tan fuerte y tan plena que le dije a Luciano y a Julio: voy a hecharme la subida sin detenerme hasta que lleguemos al hotel. No se si me creyeron, en verdad lo dije de una manera despreocupada. Pero para mi propia sorpresa, inicié, tome mi paso y casi sin darme cuenta caminé y caminé sin detenerme hasta llegar, más feliz aun, al hotel.o en que pensé que si me detenía un instante ya no podría volver a empezar, asi que mejor no lo hice.

Lo disfruté mucho, me sentí incluso mejor que cuando Luciano y yo estabamos en el Club de montaña CEMAC y saliamos a caminar los fines de semana.

Llegamos al hotel al 17:00 hrs. justo para meternos a la alberca calientita antes de ir a cenar. Luciano y yo estabamos felices, así queríamos ver las Barrancas, asi queríamos caminar por ellas.

La vida da enormes regalos, este viaje fue uno que atesoraré siempre.

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