Justo el 24 de diciembre, a las 6 de la mañana, con una temperatura por debajo de los cero grados centígrados, Luciano y yo abordamos El Chepe, el ferrocarril Chihuahua-pacífico. El primer tramo, rumbo al poblado de Creel transcurre por un enorme valle, frio, frio, frio. En el se pueden ver los campos de manzanas y peras de los menonitas, asi como enormes extensiones dedicadas a la ganadería. Un zona que, al menos desde el tren, se ve muy próspera.El inicio de un viaje para mi siempre está lleno de emociones, expectativas y una gran felicidad, así me sentía viendo todo lo que podía. Fue inevitable para mi comparar ese confortable tren con calefacción, asientos muy cómodos, coche comedor, bar; con aquellos que tomábamos los karis cuando yo tenía 15 o 16 años para ir a Jamay, Monterrey o Guadalajara, que iban repletos hasta los pasillos, incómodos y por supuesto baratísimos, lo bueno es que íbamos en banda y eso nos hacía sobrellevar cualquier cosa, incluso aquel tren de segunda clase general, que por cierto, ya no existe.
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