Anoche vi una película de Godard, Alphaville. Me quedé dormida a la mitad, se se si por los subtítulos que parecen sacados de una traducción automática de Babelfish o por que de plano estaba cansada y me aburrió.
Pero algo me gustó: el protagonista trae una cámara que me recordó la primera que yo tuve. Bueno era de mi hermano Roberto y mía, nos la compró mi mamá para tomar fotos en el Campamento Nacional en Tepoztlán. Utilizaba esos flashes de cubito, que tenían una bombilla de cada lado, de tal manera que contabas con 4 flashazos con cada uno. Los vendían en empaques de tres en tres, 12 flashazos por paquetito.
Ver las fotos que tomamos entonces es de lo más divertido: todas son malísimas, bueno, tomadas por dos niños en un campamento en el que llovío cuatro días seguidos.
Así que me da gusto haber visto un cacho de esa película sólo por que me hizo recordar aquella cámara, aquellos flashes y la toma de esas fotografías.
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