jueves, 22 de mayo de 2008

Squash

El edificio donde está nuestro departamento cuenta con una cancha de Squash. Cuando fuimos a conocerlo, esa característica fue una de las que más entusiamó a Luciano ya que él ha practicado ese deporte con cierta regularidad.

Yo jamás había jugado, bueno, que digo jugar, simplemente nunca había visto una cancha, una imagen que me dijera cómo era, cuál era la mecánica, si era en solitario o por parejas, como se ganan los tantos.

Pero hace un par de días, finalmente fuimos a la cancha a que Luciano me enseñara Squash. Armada con la raqueta nueva, las muñequeras que me compró Luciano y una gafas para evitar un indeseado pelotazo, comenzaron las clases.

Qué divertido es, no me queda duda. En un cuarto más largo que ancho, dos jugadores alternan sus turnos para pegarle a una pelota de caucho que rebota en las paredes. Se requiere aplicar una buena dosis de fuerza en cada raquetazo para que llegue a la pared correspondiente y regrese para el toque del contrario. Fundamentalmente requieres buenos reflejos, mucha velocidad y la concentración de no perder de vista la pelota ni un instante ya que puede llegar de cualquier lado, no sólo del frente.

Ahi estuvimos hora y media, tiempo en el que sudé copiosamente, aun cuando sólo estabamos "peloteanado" como dice Luciano, un encuentro es mucho más agotador.

Llevo dos día con la muñeca, el antebrazo, el brazo, el hombro, la espalda y el pecho adolorido, sólo del lado derecho. Según mi maestro de yoga, cuando se practican ese tipo de deportes se tiene que hacer una ejercitación complementaria para el otro lado, de lo contrario "se pierde el equilibrio psicocorporal", así que deberé hacer algo para complementar.

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